La directora Marta Matute ha presentado su ópera prima "Yo no moriré de amor", con la que compite en Sección Oficial del Festival de Málaga. Se trata del retrato de una familia devastada por el alzhéimer y el amor que resiste al paso del tiempo, inspirado en su propia experiencia personal.
En rueda de prensa, junto a los actores principales Júlia Mascort, Tomás de Estal, Laura Weissmahr y Sonia Almarcha, Matute ha descrito su largometraje como un drama muy humano que aborda el impacto de esta enfermedad en las familias a través de una mirada crítica hacia la precariedad de recursos con los que muchas personas en situación de dependencia se enfrentan a una vida hostil.
El guion nace de una experiencia profundamente personal, la enfermedad de su madre. A partir de ese recuerdo, la directora quiso construir una historia que reflejase la devastación emocional que provoca el deterioro cognitivo, no solo en quien lo padece, sino también en las personas que acompañan al paciente en ese proceso.
Uno de los objetivos de la directora era plasmar el paso del tiempo en la vida de los personajes y mostrar cómo la enfermedad va transformando su mundo de manera progresiva. De este modo la historia describe el desmoronamiento de una realidad cotidiana en la que cada pequeño gesto adquiere un peso enorme, al tiempo que profundiza en esa sensación de impotencia que envuelve a quienes viven esta situación, especialmente al sentir que no pueden evitar el avance de la enfermedad.
Por otro lado, la directora también ha hecho hincapié en el componente social de su película, en la que busca visibilizar la falta de recursos y las dificultades que muchas familias encuentran cuando tienen que afrontar una enfermedad como ésta. Para documentarse, pasó tiempo trabajando con diversas asociaciones y grupos de apoyo vinculados a la enfermedad, lo que le permitió conocer de cerca las diferentes etapas que atraviesan los pacientes —desde fases leves hasta estados más avanzados— y la manera en que esas fases afectan tanto a quienes las padecen como a sus entornos.
Ese proceso de investigación fue clave para construir los personajes y para dotar a la historia de una dimensión realista. Escuchar los testimonios de familias y cuidadores le permitió comprender mejor la complejidad emocional de quienes conviven con la enfermedad y así poder trasladar esa experiencia al relato cinematográfico.
Respecto al rodaje, Matute ha reconocido que contó con momentos especialmente intensos. En algunas escenas sintió que estaba reviviendo episodios de su propia vida. Recordó particularmente una secuencia ambientada en un cuarto de baño, en la que la hija intenta sostener el peso de su madre mientras la ayuda en un momento de vulnerabilidad. Durante el rodaje de esa escena, la directora confesó haber experimentado una sensación muy cercana a la vivida en su historia personal, como si por un instante estuviera sosteniendo de nuevo a su propia madre.
Por su parte, el reparto ha destacado la sensibilidad del guion y la intensidad emocional del proceso de trabajo. Júlia Mascort ha explicado la complejidad de interpretar a un personaje que atraviesa un proceso tan doloroso, en el que el amor convive con el agotamiento, la frustración y la necesidad de seguir adelante.
Su compañero, Tomás de Estal ha señalado que la película muestra cómo una enfermedad puede alterar profundamente las dinámicas familiares y obligar a los personajes a replantearse sus vínculos y responsabilidades. Mientras que la actriz Laura Weissmahr ha destacado la delicadeza con la que el guión aborda el deterioro progresivo de la memoria, evitando caer en el dramatismo fácil y apostando por una mirada íntima que pone el foco en los pequeños gestos y en la humanidad de los personajes.
Por último, la actriz Sonia Almarcha ha reconocido también el valor social de la película y la importancia de que el cine aborde realidades que afectan a tantas familias. En su opinión, este proyecto invita a reflexionar sobre el cuidado, la vulnerabilidad y la necesidad de generar mayor conciencia sobre las condiciones en las que muchas personas afrontan esta enfermedad.
Con una mirada profundamente humana y una narrativa que combina emoción y denuncia social, "Yo no moriré de amor" llega al Festival de Málaga como un retrato íntimo sobre el amor, la memoria y la fragilidad de los vínculos cuando la enfermedad amenaza con borrar los recuerdos que sostienen una vida.

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